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Parent Category: Budismo Indien
Category: Indien Jatakas en español
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Esto oí una vez: El Iluminado estaba residiendo en la ciudad de Sravasti, en el monasterio de Jetavana, en el parque de Anathapindika. En ese tiempo, el Rey Prasenajit tenía un ministro que pertenecía a la casta más alta, y que era muy sabio, inteligente, y extremadamente rico.

Cuando su esposa se quedó encinta, y hubieron pasado los meses, nació un hijo que era incomparablemente hermoso, lindo, y físicamente perfecto. Fue llamado un adivino, y cuando examinó al niño, con un semblante sonriente dijo: “Este niño está perfectamente dotado con los signos de la virtud. Será sabio e inteligente, y sobresaldrá por encima de los demás.”

Cuando el padre le preguntó al adivino sobre qué nombre ponerle, este le preguntó si había sucedido algún hecho inusual durante el nacimiento del niño. Se le dijo, que aunque la madre era de naturaleza amable, tan pronto como el niño entró en su vientre, ella se volvió incluso más amable si cabe. Ella se regocijaba cuando oía hablar de las virtudes de los demás, y llegaba a sentirse infeliz cuando escuchaba algo referente a las faltas o maldad de otros; y ella tenía una gran compasión para con los vagabundos indigentes.

El adivino dijo: “El nombre del niño tiene que ser el de uno que practique la virtud. Su nombre será Angulimala.”

Cuando el chico creció, era extraordinariamente fuerte, tan fuerte como un gran elefante, y podía vencer a mil personas. Podía saltar hacia el cielo tan alto como vuelan los pájaros; y podía correr tan rápido como un caballo. Era muy amado por sus padres. En aquel tiempo, había en el país un Brahmín que era docto en las ciencias, y que tenía quinientos pupilos que estudiaban con él. El ministro colocó a su hijo con este Brahmín, y Angulimala fue capaz de aprender en un solo día lo que los otros estudiantes aprendían en un año. El Brahmín alababa a ese chico, constantemente le mantenía a su lado, y lo honraba más que a ningún otro de sus estudiantes. La esposa del Brahmín, viendo que era más hermoso e inteligente que los demás, se enamoró de él; pero como el joven siempre estaba con el Brahmín, no tenía oportunidad de hablar con él.

Pero en cierta ocasión, un benefactor invitó al Brahmín y a sus estudiantes, y preparó todo lo necesario para cubrir sus necesidades durante tres meses. El Brahmín aceptó, y le dijo a su esposa que él y sus estudiantes se marcharían, pero que dejaría a uno de ellos en la casa para que la ayudara con el trabajo. Él le preguntó a ella cual debería de ser. La mujer estaba encantada, y le dijo que puesto que Angulimala era fuerte e inteligente, debiera de ser él. Entonces el Brahmín le dijo a Angulimala que se quedara, y que ayudara a su esposa.

Tan pronto como el Brahmín y sus estudiantes hubieron partido, la esposa se engalanó; y habló a Angulimala con una mente llena de pasión. Ella le dijo que él siempre estaba en sus pensamientos, y que ahora que el maestro se había ido, ellos podrían disfrutar juntos.

Angulimala dijo: “Pero yo soy un miembro de la casta de los Brahmanes; y es impropio de mí el juntarme con la esposa de mi maestro religioso. Si yo hiciera tal cosa, ya no sería más un Brahmín; y si me muriera, yo perdería la gracia de mi maestro.”

Cuando la esposa del Brahmín vio que no podía colmar su deseo, se enfureció; y pensó en como tomar venganza. Cuando retornó el Brahmín, ella se arrancó el vestido, se arañó la cara, se arrojó polvo encima, y se quedó tirada en el suelo. Cuando el Brahmín entró en la casa y la vio en esa condición, le preguntó qué había pasado. La mujer rompió a llorar, y dijo que lo que había sucedido era demasiado vergonzoso para contarlo. Cuando el Brahmín la presionó, ella entre sollozos, dijo: “Mientras tú estabas fuera, tu estudiante Angulimala, aquel al que tu siempre alabas, intentó forzarme, y yo lo rechacé. Puesto que lo rechacé, el me arrancó el vestido, y me puso en esta condición. Pienso que tú no necesitas estudiantes malvados de este tipo.”

El Brahmín estaba furioso, y le dijo a su mujer: “Angulimala es tan poderoso que cien hombres no pueden vencerlo. Además, es el hijo de un hombre de la nobleza, y de una casta alta. Tendré que emplear un ardid para castigarle.”

Entonces fue a donde se encontraba Angulimala, y le habló de forma amistosa: “Angulimala, mientras yo estuve fuera tu trabajaste mucho, y cuidaste bien de las cosas. Fue mucho problema, ¿verdad?”

Angulimala respondió: “Maestro, debido a tu gracia, no supuso ningún problema; y yo estaba feliz.”

El Brahmín dijo: “Angulimala, el que tu cuidaras de las cosas fue una gran ayuda para mí. Yo tengo una enseñanza secreta que nunca se la he impartido a nadie, y me gustaría dártela. Te causará un poco de sufrimiento, pero renacerás como el dios Brahma.”

Angulimala se arrodilló, y dijo: “¡Oh Maestro! Te imploro que me impartas esa enseñanza.”

El Brahmín dijo: “Tienes que ayunar durante siete días y siete noches. Entonces, tú cortarás la cabeza de mil personas, coges un dedo de cada una de ellas, haces un collar con los dedos, y lo cuelgas alrededor de tu cuello. Tan pronto como mueras, renacerás como el dios Brahma.”

Angulimala dudaba con respecto a lo que el Brahmín dijo, y le preguntó: “Pero, Maestro, ¿Es el destruir la vida la forma de llegar a ser un Brahma?”

El Brahmín le respondió: “Si tú eres verdaderamente mi discípulo, ¿Cómo puedes no creer lo que te digo? Si dudas de mi palabra, no puedes permanecer más aquí conmigo, y tendrás que irte a cualquier otra parte.”

Cogiendo una espada, la encantó con un conjuro mágico, y la clavó en la tierra. Por el poder de ese conjuro, una terrible furia surgió en Angulimala. Cuando el Brahmín vio que se había vuelto loco, puso la espada en su mano. Angulimala cogió la espada, salió corriendo; y en un corto espacio de tiempo ya había matado a noventa personas, y había confeccionado un collar con sus dedos, el cual había colgado alrededor de su cuello.

Al final de los siete días, el había matado a novecientas noventa y nueve personas, y le faltaba solo una. Pero la gente de ese país sabía lo que estaba sucediendo, y se había escondido. Buscado cuanto pudo, Angulimala fue incapaz de encontrar a la persona número mil.

La madre de Angulimala, sabiendo que él no había comido nada durante siete días, intentó mandarle comida, pero todo el mundo estaba aterrorizado y todos rechazaban el ir a llevárselo. Entonces, la madre preparó la comida, y fue a encontrarse con él.

Cuando vio a su madre viniendo, Angulimala desenvainó su espada, y fue a matarla. La madre le dijo: “¡Hijo! ¿Por qué cometes estos actos terribles de matar?”

El hijo respondió: “Mi maestro me dijo que si yo mataba a mil personas en siete días, y colgaba sus dedos alrededor de mi cuello, yo renacería como el dios Brahma. Yo he seguido sus instrucciones, y he matado a novecientas noventa y nueve personas; y ya no me falta más que una. Ahora, te mataré.”

La madre dijo: “Tu no vas a matarme o a coger mis dedos.”

Mientras estaban hablando, el Buda viendo desde la distancia lo que estaba sucediendo, y conocedor de que había llegado el tiempo de domar a Angulimala, cambio su apariencia por la de un monje, y se apareció acercándose. Cuando vio aproximarse al monje, Angulimala decidió matarlo a él en vez de a su madre, y corrió hacia él. Conforme el Buda lo vio aproximarse, por el virtud de su poder psíquico, aunque Angulimala intentaba acercarse, no lo conseguía. La gran fuerza de Angulimala se agotó, y se encontró incapaz de correr.

Entonces el gritó: “¡Monje, párate!” El Buda le dijo: “Yo estoy parado, pero tú no lo estás” Angulimala preguntó: “¿Cómo es que tu estas parado, aún moviéndote; y yo que estoy quieto no estoy parado? ¿Cuál es la razón?”

El Buda dijo: “Yo estoy siempre parado porque todos mis sentidos han llegado a estar controlados, y yo he obtenido el poder de las concentraciones. Pero tú, debido a que has aprendido una enseñanza errónea de un maestro malvado, confías en las malas acciones. Debido a que tu mente ha sido hipnotizada, cometes incontables maldades día y noche.”

Entonces Angulimala volvió en sí, se postró, y gritó: “Santo, ¡Ten compasión de mí!”

Entonces el Buda, le mostró su verdadero cuerpo, brillando con luz, con las treinta y dos marcas; y cuando Angulimala lo vio, sintió remordimiento, se arrojó al suelo, y confesó sus pecados al Señor. Cuando el Buda lo hubo instruido en el Dharma, su mente se quedó limpia de impurezas, y llegó a convertirse en un Arhat. Entonces el Señor lo llevó al parque de Anathapindika.

En aquel tiempo, toda la gente del país estaba paralizada por el terror cuando escuchaban el nombre de Angulimala. Las mujeres preñadas, e incluso los animales, con tan solo escuchar el nombre, eran incapaces de parir debido a su miedo. Cuando una hembra de elefante no podía parir a su retoño, el Buda le dijo a Angulimala: “Angulimala, ve a la madre elefante, yháblale estas palabras de verdad: “No nacido desde el mismo comienzo, yo no he matado a ningún hombre.”

Angulimala objetó: “Pero Señor, ¿Cómo puedo decir tal cosa, puesto que yo indudablemente he matado a mucha gente?”

El Buda replicó: “Angulimala, tú has nacido de nuevo en el Dharma de los Santos, y puedes decir eso.”

Acto seguido, el monje Angulimala se vistió las ropas religiosas, fue a donde estaba la hembra de elefante, y le dijo lo que el Señor le había dicho que dijera.

Entretanto, el Rey Prasenajit y su ejército estaban buscando a Angulimala; y habían llegado al parque de Anathapindika. Al escuchar a un monje bajito y feo recitando las escrituras en el monasterio con una voz dulce y melodiosa, el ejército se paró a escuchar, e incluso los caballos y los elefantes se pararon, y levantaron sus orejas.

El rey estaba atónito, y preguntó: “Por qué han parado los caballos y los elefantes?”

Su séquito le contestó: “Porque el ejército, los caballos, y los elefantes están disfrutando al escuchar la Buena Palabra.”

El rey dijo: “Si incluso los animales sienten placer al escuchar el Dharma, ¿Por qué los humanos no sienten deleite en ello también?”

Entonces el rey entró en el parque, desmotó de su elefante, posó a un lado sus armas, y fue ante el Buda. El postro su cabeza, juntó las palmas de sus manos, y dijo: “Señor, ¿Quién es ese monje con esa voz tan dulce? Yo le haré a él una ofrenda de cuatrocientas monedas de oro.”

El Buda dijo: “Su Majestad, haga la ofrenda primero, y entonces yo le diré quien es; porque si usted se lo encuentra primero, no le dará ni una sola moneda.”

Cuando el rey hizo la ofrenda, el monje fue traído; y el rey, viendo como era de bajito y de feo, indudablemente se arrepintió de haber dado el dinero. El rey se arrodilló ante el Buda, y dijo: “Señor, el cuerpo de este monje es muy bajo, y él es extremadamente feo. ¿Por qué razón, motivado por qué buenas acciones en el pasado, ha llegado a tener una voz tan bonita?”

El Buda dijo: “Escuche atentamente, Su Majestad, guárdelo bien en su mente, y yo se lo explicaré. En un pasado muy lejano, cuando el Buda Kashyapa había venido al mundo a ayudar a los seres, y había pasado al Paranirvana; había un rey llamado Kalibsi, que reunió las reliquias del Buda. Como la estupa para albergarlas aún estaba siendo construida, cuatro reyes nagas vinieron al rey bajo la forma de hombres, y dijeron:”Su Majestad, la estupa para las reliquias del Buda no debería de ser construida con tierra, sino con joyas.”

El rey replicó: “Pero yo voy a construir una estupa de veinte yojanas de alto, con la forma de un cuadrado que se extenderá cinco yojanas en cada dirección. ¿Cómo puedo construir con joyas una estupa de semejante tamaño? No, tendrá que ser hecha de tierra.”

Los cuatro hombres dijeron: “Nosotros somos cuatro reyes nagas. Si tu das tu consentimiento para construir la estupa con joyas, nosotros aportaremos las joyas.”

Al oír esto, el rey se alegró grandemente, y dijo: “¡Oh, Reyes Nagas! Si vosotros dais las joyas, indudablemente será algo excelente.”

Los Reyes Nagas dijeron: “En las afueras de la ciudad, encontrarás cuatro grandes manantiales, cada uno de ellos corre en una de las cuatro direcciones. Si tú sacas agua del manantial del Este, y haces ladrillos, los ladrillos se volverán de azul lapislázuli. Si haces los ladrillos con el agua del manantial del Sur, se volverán de oro. Del manantial del Oeste, de plata; y del manantial del Norte, de cristal.”

El rey creyó esto, y entonces nombró a cuatro supervisores, uno para cada una de las direcciones; y se comenzó a trabajar en la estupa. Tres de los supervisores trabajaban bien, y completaron el trabajo; pero el cuarto era perezoso, y no lo hizo. Cuando el rey fue a inspeccionar la estupa, y encontró el trabajo inconcluso, le dijo al supervisor perezoso: “Tú no te has esforzado, no has hecho tu trabajo; y serás castigado.”

Esto enfadó al hombre, quien replicó:“Yo no tengo el buen karma para construir esta estupa interminable.”

El rey dijo: “Muy bien, apresúrate. Trabaja duro, y acábala.” Entonces el hombre trabajó día y noche, y finalmente finalizó el trabajo. Cuando la estupa estuvo terminada, y las joyas refulgían y centelleaban, el artesano que había sido perezoso vio la belleza de ello, y confesó su falta; colgó una campana dorada en lo alto de la estupa, e hizo el siguiente voto:”En cualquier reino en el que yo pueda renacer, que pueda yo tener una vozmelodiosa, y que puedan todos los seres regocijarse cuando la oigan. Que en tiempos futuros, pueda yo también encontrar al Buda Sakyamuni.”

Su Majestad, este es el monje que en aquel tiempo fue el artesano que construyó uno de los lados de la estupa. Puesto que no quiso construir una estupa tan alta, y porque llegó enfadarse, el siempre desde entonces ha nacido bajito y feo. Pero debido a que más tarde completó su trabajo con una mente llena de gozoso entusiasmo, y porque colgó una campana dorada en lo alto de la estupa, y porque hizo un voto, ha nacido con una voz melodiosa durante quinientas veces, y ahora me ha encontrado; y ha llegado a ser un Arhat.”

Cuando el rey hubo oído la palabra del Buda, y ya estaba a punto de retirarse, el Buda le preguntó que a donde pretendía ir. El rey dijo: “Señor, ha llegado a nuestro conocimiento que hay un despiadado criminal en nuestro país, de nombre Angulimala. El está cometiendo acciones viles, y está asesinando a la gente. Nosotros vamos a prenderle.”

El Buda dijo: “Su Majestad, Angulimala ahora no haría daño ni a una mosca, y mucho menos asesinar seres humanos.”

El rey se preguntó: “¿Acaso el Buda ha domado a Angulimala?”

El Buda, leyendo sus pensamientos dijo: “Si, Su Majestad. Angulimala es ahora un monje. Sus pecados han sido limpiados; él ha llegado a ser un Arhat, y en este mismo momento está viviendo conmigo. Si usted desea encontrarse con él, Su Majestad, yo se lo presentaré.”

El rey se dirigió entonces a donde se encontraba Angulimala, y tan pronto como el alcanzó la puerta, Angulimala tosió con fuerza. Súbitamente, el rey recordó a toda la gente que Angulimala había matado, y cayó al suelo desvanecido. Cuando recuperó la consciencia, se levantó, fue a dónde estaba el Buda, y contó lo sucedido.

El Buda dijo: “Rey, escucha atentamente. En el pasado, en la tierra de Benarés, había un pájaro extremadamente venenoso que comía insectos mortíferos. El cuerpo del pájaro era tan venenoso, que cuando estaba cerca, nadie podía permanecer allí. Incluso si su sombra pasaba sobre un árbol, este se marchitaba. En cierta ocasión, este pájaro voló a un bosque, se posó en lo alto de un árbol y comenzó a graznar. Sucedió que el rey de los elefantes estaba bajo ese árbol, y cuando oyó la voz de ese pájaro, se desvaneció. Su Majestad; Angulimala era ese pájaro, y usted era el elefante.”

El rey dijo: “Entonces, Señor, tú has vuelto a Angulimala hacia la virtud; él, que en su locura mató a tanta gente.”

El Buda dijo: “Esta no es la primera vez que yo he domado a este monje. En tiempos pasados, yo también lo domé, y lo volví hacia la virtud.”

Cuando el rey le pidió al Buda que contara esto, el Señor dijo: “Su Majestad, en tiempos pasados, hace eones, eones más allá de toda cuenta, vivía en este Jambudvipa, en la tierra de Benarés, un rey de nombre Balamatar. Este rey, junto con cuatro regimientos de sus tropas, se fue cierta vez al bosque a divertirse. Viendo a un antílope, se pusieron a darle caza, y el rey llegó a quedar separado de sus acompañantes. Cansado, el entró en una espesura, y se sentó. En esa espesura vivía una tigresa, que aún no había pasado por completo su celo. Viendo al rey solo, la pasión se encendió en ella, y aproximándose a él, ella levantó su cola y comenzó a moverla. El rey, entendiendo lo que ella quería, pensó: “Si no le doy satisfacción a esta tigresa, ella siendo una bestia salvaje, me matará.”

Con gran miedo, el mantuvo relaciones sexuales con ella. Cuando la tigresa ya se había ido, los acompañantes del rey llegaron, y lo llevaron a palacio. La tigresa se quedó preñada, y cuando los meses pasaron, dio a luz a un niño, que aunque era humano, tenía los pies rallados como los de un tigre. La tigresa sabía que este era el hijo del rey, y se lo llevó al rey. Y el rey, puesto que era su propio hijo, lo acogió. Como sus pies eran rayados, lo llamó Pie Rayado.

Cuando el chico creció, llegó a ser un héroe valiente. Cuando su padre murió, el ascendió al trono, y se casó con dos esposas; una perteneciente a la casta real, y la otra a la casta de los brahmines. En cierta ocasión, cuando el rey Pie Rayado estaba paseando por el parque con sus dos esposas, les dijo:”Ambas debéis de cogerme. Con la que me de caza, pasaré el día en juegos y flirteos.” Y dicho esto, salió corriendo. Ambas reinas se engalanaron, y comenzaron a darle caza. A un lado del camino había un santuario de piedra dedicado a un dios. Cuando la mujer de casta Brahmín lo vio, se paró y se postró ante él; mientras que la otra reina siguió corriendo por delante de ella, alcanzando al rey. Cuando la segunda mujer seacercó, ella no le dejó que se aproximara. Esto enfureció alamujer Brahmín, y ella le dijo al dios del santuario: “Dios, mientras yo me estaba postrando ante ti, la otra mujer ganó la carrera. Si verdaderamente eres un dios poderoso, ¿Por qué no me ayudas?” Como no sucedió nada, la reina reunió a mucha gente, derribó el santuario, y lo dejó al nivel del suelo. El dios del santuario, enfadado y confuso, decidió hacerle daño al rey.

Se dirigió a palacio, pero el dios guardián del palacio rehusó a dejarle entrar. En ese tiempo, había un rishi que vivía en la Montaña de los Muchos Rishis, y que cada día volaba a través del cielo hasta el palacio, donde el rey Pie Rayado le hacía ofrendas. Un día en el que el rishi no había ido a comer, el dios del santuario, sabedor de que no había ido, se transformo tomando la forma del rishi, y se acercó a palacio. El dios guardián lo reconoció inmediatamente, y se negó a dejarle entrar. Entonces el dios del santuario llamó al rey desde el exterior, y cuando el rey oyó su voz, ordenó que se le dejara entrar. Cuando entró, se sentó en el asiento del rishi, y cuando el rey le hubo preparado la comida y se la ofreció, él rehusó tocarla, y dijo: “Yo no como comida de este tipo; yo como carne y pescado.”

El rey dijo: “Pero gran rishi, anteriormente tu comías la misma comida que los sirvientes, ¿Cómo es que ahora deseas comer carne?”

El falso rishi dijo: “En el futuro, yo solo comeré carne y pescado.” Y se fue.

 

De acuerdo con las palabras del falso rishi, el rey preparó carne y pescado; y cuando el verdadero rishi apareció, se lo ofreció. Esto enfureció al rishi, y el rey, viendo su enfado, dijo: “Pero gran rishi, ¿Has olvidado que cuando estuviste ayer aquí me dijiste que preparara esta comida?”

El rishi dijo: “Yo no he estado ayer aquí; y tú me estás insultando. Debido a este insulto, ¡Que puedas no comer más que carne humana durante doce años!” Y entonces se marchó.

Algún tiempo después, el cocinero real, viendo que no había carne para que el rey comiera, fue a buscar algo, pero no encontró nada de carne. A un lado del camino vio el cuerpo de un niño muerto, y pensó: “Esto servirá.”

Así que le cortó la cabeza, manos, y pies; lavó la carne restante, la sazonó, cocinó, y sirvió al rey. El rey pensó que era la carne más deliciosa que nunca había probado; y le dijo al cocinero: “Esta es la mejor carne que has preparado nunca. ¿Qué es?” Aterrorizado, el cocinero se postró ante él, y dijo: “Su Majestad, si promete no castigarme, se lo diré”

Cuando el rey le prometió que no habría castigo, el cocinero le contó lo que había ocurrido. El rey dijo: “A pesar de todo, la carne estaba excelente. En el futuro, prepárame solo esa carne.”

El cocinero protestó: “Pero Rey, esa carne era de un niño que ya estaba muerto. ¿Dónde encontraré yo esa carne?” Entonces el rey le ordenó raptar niños; y de acuerdo a las órdenes del rey, el cocinero raptaba niños por la noche, los mataba, y se los servía al rey al día siguiente.

Pronto surgió en la ciudad una gran alarma y llanto debido a todos los niños que estaban desapareciendo; y todos los ministros se reunieron en consejo, y dispusieron vigilancia en los cruces de camino. Esta guardia cogió al cocinero del rey raptando a un niño, y lo llevaron ante el rey, diciendo: “Su Majestad, muchos de nuestros hijos han estado desapareciendo. Este es el hombre que los ha matado. Te pedimos que sea castigado.”

El rey permaneció en silencio. Cuando esto aconteció tres veces, y el rey no había dicho nada, los ministros le dijeron: “Su Majestad, nosotros hemos capturado al criminal y lo hemos traído ante ti; y aún así no haces nada. ¿Cuál es la razón de esto?”

El rey les dijo: “El hombre es inocente. Lo que estaba haciendo eran órdenes mías.”

Ante esto, los ministros se enfurecieron, y salieron para hacer consultas entre ellos, diciendo: “Este rey que ha comido a nuestros niños es un monstruo. Apoyar a un rey que come carne humana no es correcto. Lo correcto es eliminarle.” Y todos estuvieron de acuerdo en que el rey debía de ser castigado.

En las afueras de la ciudad había un estanque de agua clara a donde el rey iba todos los días a tomar un baño. Un día, mientras se estaba bañando, los ministros y los soldados rodaron el estanque, y lo arrestaron. Aterrorizado, les preguntó a los soldados por qué lo estaban prendiendo, y le dijeron: “Tus súbditos no apoyarán a un rey que se come a sus hijos. Debido a tus actos malvados, tú morirás.”

El rey dijo: “Es verdad que yo he actuado erróneamente, pero me enmendaré de las malas acciones en el futuro. ¡Perdonadme la vida!”

Los ministros replicaron: “Si llueve sangre negra, y si una serpiente negra viene, y se enrosca alrededor de tu cabeza, te perdonaremos la vida.”

Ahora el rey Pie Rayado supo que sería matado, y dijo: “Ministros, el que me vais a matar es algo cierto. Dadme unos minutos para reflexionar, y entonces matadme.”

Mientras los ministros esperaban, el rey hizo la siguiente plegaria: “Por el poder de las virtudes que yo he acumulado en el pasado, por haber reinado de acuerdo al Dharma, por haber honrado a los Rishis y a los hombres santos, que pueda yo ahora convertirme en un dragón, y volar por el cielo.”

Inmediatamente el rey se transformó en un dragón, y se elevó hacia el firmamento. Mirando hacia abajo, les dijo a los ministros: “Vosotros ibais a matarme, pero yo he sido salvado gracias al poder de la virtud. En el futuro, que podáis vosotros ser matados, y que yo pueda comerme a vuestras esposas e hijos.”

Entonces el dragón voló hacia una montaña en la que vivió. De cuando en cuando, el volvía a ese país, y devoraba a seres humanos; y la gente vivía con gran miedo.

Posteriormente, muchos otros dragones vinieron a él, se convirtieron en seguidores suyos; y en cierta ocasión, todos ellos se reunieron ante él, y dijeron: “Nosotros nos hemos convertido en seguidores tuyos, y ahora queremos preparar una gran fiesta para nosotros.”

El rey Pie Rayado estuvo de acuerdo, y dijo: “Muy bien, muy bien. Capturaremos a mil príncipes, los mataremos, y haremos una fiesta con ellos.”

Entonces cada dragón capturó a un príncipe, y lo llevó con él al nido de águilas. Pero cuando los contaron, solo había novecientos noventa y nueve. Los príncipes estaban aterrorizados, y se decían unos a otros: “No hay esperanza para nosotros. Si tan solo Sutasomaputra, el de sabias estratagemas, viniera..; él podría salvarnos. ¡Si tan solo Sutasomaputra fuera capturado también...!”

Entonces le dijeron al rey dragón: “Su Majestad, puesto que vas a tener una gran fiesta, deberías de capturar también a Sutasomaputra. Eso haría que la fiesta fura completa.”

El rey dragón estuvo de acuerdo, y voló a través del cielo en busca de Sutasomaputra. En aquel tiempo, Sutasomaputra había ido al bosque acompañado de muchos chicos y chicas, y escoltado por soldados. Cuando un maestro Brahmín apareció, el príncipe le dio la bienvenida, le preguntó de dónde había venido, y le pidió que le instruyera en el Dharma.

Cuando el Brahmín estaba enseñando, sonó un terrible ruido, y todos corrieron dejando al príncipe solo. Entonces apareció Pie Rayado, el rey de los dragones, cogió al príncipe, lo puso sobre su espalda, y se fue volando. Cuando llegaron al nido de águilas, Sutasomaputra se sentía miserable y lloraba. Pie Rayado le dijo: “Santo, yo he oído hablar de tu gran virtud. No deberías de temer a nadie. ¿Por qué estas llorando como un bebé? ¿Tienes miedo de mí?”

Sutasomaputra dijo: “Rey dragón, yo no te tengo miedo. Lloro porque estoy encaprichado en este cuerpo mío. Desde el día en que nací, yo nunca he dicho ninguna mentira. Justo antes de que tú aparecieras, un Brahmín llegó a mí, y mientras me estaba instruyendo en el Dharma, llegaste tú, y me llevaste. De este modo, mi petición no pudo ser cumplida por el Brahmín. Por eso es por lo que lloro. Rey de los dragones, gentilmente permíteme volver, de forma que el Brahmín pueda satisfacer mis anhelos. Dentro de siete días, yo volveré a ti, y moriré.”

Pie Rayado dijo: “Lo que dices no es verdad. Si te dejo ir ahora, te escaparás, y nunca volverás. ¿Quién puede creerte?”

Sutasomaputra dijo: “Tu ya has dicho que no puedo escaparme de ti. Si yo no vuelvo, no sería difícil para ti el cogerme de nuevo.” Cuando Pie Rayado oyó esto, estuvo de acuerdo, y dejo al príncipe irse.

Sutasomaputra volvió a palacio, y se alegró de volver a encontrar al Brahmín. Le hizo grandes regalos, y todos se alegraron. Cuando el Brahmín supo que el príncipe retornaría al rey dragón, el cual no le perdonaría la vida, pronunció los siguientes versos:

Al acercarse el final del kalpa

El cielo y los ríos arderán en llamas;

El Monte Meru, los mares, y todo lo demás,

Todo, todo perecerá como polvo.

Los Dioses, los Nagas, los Asuras,

Serán destruidos y desaparecerán.

Si el Cielo y la Tierra llegan a ser nada,

¿Cómo puede ser eterno un reino?

Nunca se acaba la Ronda del renacer,

La enfermedad, la vejez, y la muerte.

Cuando los deseos existen

Se soporta un amargo sufrimiento.

El mal surge del deseo,

No surge de ninguna otra cosa;

Puesto que los Tres Mundos consisten en sufrimiento,

¿Cómo puede el deseo de placer ser eterno?

Lo que surge, desaparecerá;

El enfado se origina de una causa.

Cuando se desarrolla, existe el mal.

Lo verdadero y cierto llega a hacerse falso.

Las personas, las cosas, los Tres Mundos,

Debido a la ignorancia, parecen existir.

Y viviendo con las cuatro serpientes,

Uno se aferra a las cosas placenteras.

Puesto que la forma no es eterna,

¿Cómo puede lo eterno ser pensado?

Puesto que el cuerpo y la mente están separados,

¿Cómo estás separado del reino?

Cuando el Brahmín hubo dicho esto, el príncipe pensó en el significado de las palabras, y se regocijó grandemente. El colocó a su hermano menor en el trono, liberó a sus ministros de sus obligaciones, y explicó que él iba a volver al rey de los dragones. Todos los ministros le dijeron:”No pienses tan siquiera en volver al dragón. Construye un castillo de hierro, vive en él, y sálvate. Entonces Pie rayado nunca te cogerá.”

El príncipe les dijo a los ministros y al pueblo: “Después de haber tenido un nacimiento tan bueno, ¿No sería erróneo el hablar falsamente? Sería mejor morir que mentir. Yo le hice una promesa a Pie Rayado, y él me permitió volver. ¿Sería correcto por mi parte no volver ahora? Vosotros no tenéis que poner obstáculos.”

El pueblo, con gran pesar, permaneció callado. Cuando llegó el momento de la partida del príncipe, lo acompañaron lamentándose. Mientras tanto, Pie Rayado estaba pensando que ya era hora de que el príncipe volviera; y subió a lo alto de la montaña.

 

Observó, y lo vio venir en la distancia. Cuando el príncipe llegó cerca, el dragón se alegró como nunca antes había sucedido, y le dijo: “Tu no amas tu propia vida; y está bien que hayas vuelto a mí. ¿Qué has hecho durante estos siete días que te ha dado tal felicidad? Cuéntamelo.”

Sutasomaputra dijo: “Cuando yo volví a casa, escuché a un Brahmín exponer el Dharma, lo cual imparte gran virtud, y ahora mi mente está calmada. Ahora es mejor para mí morir, que vivir; y yo me alegro.”

Pie Rayado preguntó: “ ¿Cuál fue la enseñanza que escuchaste?”

Entonces el príncipe repitió los versos que el Brahmín le había enseñado. El añadió, que cuando uno se abstiene de quitar la vida, los frutos son extremadamente grandes; pero que el matar era algo temible, y que creaba terribles consecuencias. Pie Rayado creyó esto, se alegró, se levantó, y se postró. Cuando el príncipe dijo: “Gran Rey, renuncia al terrible pecado de quitar la vida, y no cometas esos actos malvados.”

Pie Rayado dijo:”Si, Sutasomaputra, haré como dices.”

Entonces el príncipe dijo:”Gran Rey, deberías de liberar a todos los príncipes que están cautivos aquí, en tu guarida de la montaña.”

El rey dragón hizo esto, y envió a todos los príncipes a sus respectivos países. Entonces Sutasomaputra, habiendo domado al Rey Pie Rayado, le enseño el Dharma. Posteriormente, volvió a su tierra; reunió a todo el ejército, cogió al rey Pie Rayado, y lo repuso en el trono que había ocupado antes, donde había gobernado justamente; y ya no volvió a comer más carne humana, puesto que los doce años de la maldición del rishi habían pasado.

El Buda continuó: “Su Majestad, en esos tiempos, yo era Sutasomaputra; y Angulimala era el rey Pie Rayado. La gente que ahora quiere matar a Angulimala eran aquellos que querían matar a Pie Rayado; y a través de todos los nacimientos, ellos siempre han hecho esto. Yo los aparté de las malas acciones, y los llevé a la felicidad suprema. Ahora, yo he eliminado todos los obstáculos, he perfeccionado todas las virtudes, y he alcanzado la Budeidad; yo soy ahora el Domador de los Hombres.”

El rey se postró ante el Buda, y dijo: “Señor, ¿Debido a que faltas anteriores han sido matados todos estos?”

El Buda dijo: “Escuche atentamente, Su Majestad, y yo le contaré la razón. Hace incontables eones, hubo un gran rey de Benarés, de nombre Baladara, el cual tuvo dos hijos que eran extremadamente fuertes y hermosos. En cierta ocasión, el más joven de los hijos, tuvo el siguiente pensamiento:”Cuando mi padre muera, mi hermano mayor ascenderá al trono, y el reino será suyo. Una vez nacido en un linaje real, no es posible el vivir como un plebeyo. Por tanto, iré a un lugar solitario, y viviré la vida de un ermitaño.”

Yendo a su padre, le manifestó su deseo, pero el rey no lo aprobó. El príncipe insistió, y finalmente el rey accedió, y el muchacho se dirigió a las montañas.

Cuando habían pasado muchos años, el anciano rey murió, y su hijo mayor ascendió al trono sucediéndole. Pero el también murió pronto, y como no había heredero, los ministros se reunieron en consejo. Ellos dijeron:”El hijo menor del antiguo rey está viviendo ahora como un ermitaño en las montañas. ¿No estaría bien traerle de nuevo, y colocarle en el trono?” Los ministros estuvieron de acuerdo en que esto sería lo más adecuado. Entonces ellos se dirigieron a las montañas, lo encontraron, y le notificaron que su anciano padre y su hermano mayor habían muerto, por lo que le pedían que volviera y reinara.

El ermitaño rehusó, y dijo con gran miedo: “Viviendo en una ermita como esta no tengo sufrimiento. Si debiera de abandonar y volver al trono, al no estar domado, todas vuestras cosas mundanas ciertamente me matarán.”

Los ministros protestaron: “Pero príncipe, el linaje real ha llegado a su fin; y tú eres el único heredero. Ahora no hay nadie que proteja al pueblo, y nosotros te imploramos que tengas compasión por todos los seres, que vuelvas, y que reines.” El renuente ermitaño volvió, y se convirtió en rey.

El ermitaño no había cortado con sus apegos, y después de convertirse en rey, surgió en él una desordenada pasión por las mujeres. Sin ser consciente de ello, lo dominó. En cierta ocasión, el hizo una proclama: “Todas las doncellas de mi reino tienen que venir a mantener relaciones sexuales conmigo antes de que ellas se casen. Después de que ellas hayan hecho esto, pueden retornar a su casa.”

A partir de entonces, todas las hermosas jóvenes del reino fueron a hacer el amor con el rey.

En cierta ocasión, cuando muchas personas estaban reunidas, una mujer se puso a orinar frente a todo el mundo. Todos ellos comenzaron a reírse. La mujer se volvió hacia ellos, y dijo: “ ¿Qué hay de incorrecto en que una mujer orine cuando está en medio de otras mujeres? Cuando yo hago esto en medio de aquellos que no son sino mujeres, ¿Por qué es causa de burla?”

Cuando la gente le dijo: “Mujer, ¿Qué tipo de lenguaje es ese?”

Ella les respondió: “En este país el único hombre es el rey. Todos los demás no sois más que mujeres. Si realmente fuerais hombres, haríais “la cosa” vosotros.”

La gente estaba avergonzada, y acordaron que el rey se había apartado del comportamiento correcto; y entonces se reunieron en consejo para acordar como acabar con él. A continuación acordaron apresarle cuando fuera al parque a bañarse.

Entonces los soldados se escondieron en el parque, y cuando el rey se fue a bañar, y entró en el agua, los soldados se dispersaron, y lo cogieron. El rey estaba aterrorizado, y preguntó qué era lo que estaba mal. Los ministros le dijeron: “Su Majestad, usted no sigue el Dharma, y ha llegado a estar intoxicado por la pasión. Usted ha insultado a todo su pueblo, y ha cometido actos impropios. Vamos a eliminarle, y vamos a buscar a un rey que sea sabio e inteligente.”

Preso de gran temor, el rey les dijo a los ministros: “Indudablemente es cierto que he seguido un camino equivocado, y que he cometido acciones desgraciadas, pero no lo haré más. ¡Perdonadme la vida!”

Los ministros dijeron: “Si cae nieve negra sobre este país, y si una serpiente venenosa se enrolla en torno a tu cuerpo, te perdonaremos la vida.”

El rey, seguro de que sería matado, se enfureció, y dijo: “Hace tiempo, cuando yo renuncié a las cosas del mundo, y me retiré a las montañas, vosotros me forzasteis a volver, y a ascender al trono. Por lo tanto, aquí yo hago el voto de que si ahora vosotros me matáis, yo, en mis vidas futuras, os volveré a encontrar, y entonces os mataré.”

Su Majestad, fue debido a este voto por lo que toda esta matanza se ha producido. Angulimala fue ese rey, y la mucha gente que él mató eran aquellos que en consejo se levantaron contra él. El los ha matado en cada vida.”

El rey cayó de rodillas, juntó sus manos, y dijo: “Señor, puesto que Angulimala ha matado a tanta gente, ¿Tendrá ahora retribución?”

El Buda dijo: “Su Majestad, cuando se hace el mal, la retribución es inevitable. Incluso ahora, cuando Angulimala está sentado en su aposento, los fuegos del infierno surgen de los cabellos de su cuerpo.”

Entonces, para mostrar la retribución por las malas acciones, el Buda le dijo a un monje: “Monje, coge la llave, abre la puerta de Angulimala un momento, y mira dentro.”

Cuando el monje hizo esto, la llave se fundió. El monje estaba aterrorizado, y volvió a toda prisa a donde se encontraba el Buda, y contó lo que había sucedido. Entonces el Buda dijo a la gran asamblea: “Esto es el fruto del hacer el mal”; y el rey y la asamblea creyeron.

Entonces el Venerable Ananda, le dijo al Buda: “Señor, te pido que expliques a la gran asamblea qué anteriores buenas acciones ha hecho el monje Angulimala para poder nacer tan fuerte como un poderoso elefante, tan rápido como un pájaro; y cómo ahora encontró al Señor, y ha sido liberado de la Ronda de nacimientos.”

El Buda dijo: “Escucha bien Ananda. Hace mucho tiempo, en tiempos del Buda Kashyapa, había un monje que se ocupaba de las tareas de la Comunidad. Un día, cuando fue a sembrar los campos, cayó una fuerte lluvia tormentosa, y cuando intentó coger algo con lo que proteger la cosecha, fue incapaz de vadear el agua, ni de encontrar nada. Entonces él hizo un voto: “Que en el futuro pueda mi fuerza ser tan grande como la de mil hombres, y que pueda moverme tan rápido como un pájaro volando. Que en el futuro pueda yo encontrar al Buda Sakyamuni cuando vuelva a este mundo, y pueda ser liberado de la Ronda del renacimiento.”

Ananda, ese monje que hizo ese voto no era otro sino el monje Angulimala. Por haber hecho ese voto, por haberse hecho monje y haber observado los preceptos, y por haber trabajado para la Comunidad, el siempre ha nacido hermoso y con gran fortaleza. Ahora, habiéndome encontrado, ha sido liberado del Ciclo de los nacimientos y muertes.

Entonces Ananda, los monjes, el rey, y la gran asamblea, habiendo escuchado la exposición del Buda sobre la ley de retribución, se esforzaron, y reflexionaron en la Cuatro Nobles Verdades. Algunos de ellos, llegaron a Entrar en la Corriente; algunos llegaron a Retornar Una Sola Vez; algunos llegaron a No Retornar Más; algunos llegaron a Arhats; algunos generaron la Mente de la Suprema Iluminación; algunos entraron en el reino del no retorno. Algunos dirigieron su cuerpo, habla, y mente hacia la virtud; y teniendo fe en la palabra del Buda, se regocijaron grandemente.

Esta versión del Jataka de Angulimala, fue tomada del Sutra del Sabio y el Necio, nº 37, una colección de Jatakas conservados en chino y tibetano.

Trad. al castellano por el ignorante y falto de devoción upasaka Losang Gyatso.

1 Collar de Dedos.